Mitos y Leyendas Colombianas
- Carolina Jimenez
- 29 oct 2021
- 4 Min. de lectura
El hombre caimán

Cuentan que un hombre que solía espiar a las mujeres bañándose en el Río Magdalena, consultó a un brujo para que le hiciera una pócima que le permitiera convertirse en caimán, y así ver a las bañistas sin ser descubierto. Así fue, acudió donde el brujo quien le entregó lo que él pedía y le entregó otra poción extra, con la que podría convertirse nuevamente en humano.
Obviamente, para volver a ser hombre, alguien debía regar la pócima cuando estuviera en forma de caimán. Por eso, recurrió a uno de sus amigos quien sorprendido con lo que vio, dejó caer la fórmula solo en la cabeza de caimán y no en el resto del cuerpo. Así, quedó convertido en un ser mitad hombre mitad animal. Se dice que únicamente logró atemorizar a las mujeres y deambula por la desembocadura del río.
La Pata sola

La Pata sola es uno de los mitos más extendidos en Colombia. Se le describe como una criatura con una sola pata en forma de pezuña e invertida para despistar con sus huellas a los que la persiguen. Es bastante ágil y puede moverse a gran velocidad.
Tiene la capacidad de transformarse dependiendo de la situación. A veces es descrita como una mujer hermosa que atrae a los hombres para después matarlos y otras veces como una vieja con un solo seno, greñas y grandes colmillos afilados.
Tiene un carácter agresivo y es temida por los cazadores de las zonas rurales. Se cree que es el ánima de una mujer que fue mutilada y ahora persigue a los hombres cristianos.
La llorona

La Llorona es una mujer con rostro huesudo de calavera, ojos rojos y aspecto bastante sucio. Es caracterizada por llevar un niño muerto entre sus brazos, aunque hay quienes dicen que no lleva a su hijo sino que lo está buscando. La Llorona se distingue por sus gritos profundos y macabros, y su llanto desgarrador.
Pues bien, se trata del espíritu de una mujer que mató a su hijo recién nacido, lo dejó cerca a un riachuelo y la corriente se lo llevó. Es por eso que fue castigada y condenada a vivir llorando y lamentándose por su crimen.
Los más crédulos de esta leyenda están Pasto. Allí, se dice que es una mujer que parece un demonio, que sale a llorar en las noches de luna llena y se dice también, que el 31 de octubre, la Llorona camina por los cementerios con una vela en la mano buscando a su hijo, sin embargo quien la mire a los ojos, queda atrapado por ella y es torturado con sus gritos desgarradores.
El duende

La leyenda dice que un señor de apellido Pantoja, en algún lugar de Colombia, tenía dos hijas a las que el duende perseguía y no dejaba dormir. Ellas dicen que sentían un hombre que se les acomodaba al lado y las pellizcaba, las tocaba. Pero prendían la luz, y no había nadie… Entonces, llegó el párroco del pueblo y le dijeron: “Padre, imagínese que alguien nos está persiguiendo...” . El cura les dijo que se confesaran y que él luego les daba la comunión. Ese mismo día, en la noche las cogió a mordiscos y no las dejó dormir. Como quien dice, se les agravó la situación con ese personaje. Entonces, un señor vecino de ellas, les dio la solución a su problema. Les contó del tiple y ellas le dijeron a su papá que consiguiera uno para poder dejarlo listo la noche, que ya casi llegaba. Así que lo dejaron encima de una mesa, en la habitación de las mujeres. En la noche, llegó el personaje y vio el tiple que sonaba. Más tarde, curiosamente el tiple continuaba sonando. Las mujeres entraron a la habitación, y nadie lo estaba tocando. Se acercaron el tiple, y este se quedaba en silencio. No vieron a nadie. Llegó el amanecer y el tiple dejó de sonar. Ya no estaba en la mesa donde las mujeres lo habían dejado. De ahí en adelante, el duende no volvió jamás. Cuentan también que el duende era uno de los ángeles preferidos por dios. Como se portó mal, entonces lo mandó al infierno. Estando en el cielo, el duende era uno de los ángeles que tocaban el arpa. Por eso es que para cogerlo y detener sus travesuras, hay que dejar un tiple bien templado. Dicen que cuando el duende se enamora de una muchacha, se le mete a la casa para molestarla. Lanza piedras a la casa como si lloviera con terrones. También dicen que invita a los niños a jugar con él en medio del bosque hasta altas horas de la noche. Cuando los padres encuentran a su hijo, lo encuentran arañado, sucio, con mucha hambre, fiebre y con alergia en todo el cuerpo.
La bola de fuego

Se dice que fue una madre que liquidó con un hacha a su hijo. Dios la maldijo condenándola a que su corazón vague por toda la eternidad envuelto en llamas. Se dice que la mujer en forma de bola de fuego recorre las llanuras densas sin rumbo en busca de un alivio a su interminable castigo. Los pobladores que la han oído aseguran que a su pasó suena como un corazón latiendo.
Para evitar ser atacado por este ser es necesario maldecir la bola de fuego. También sugieren que, si se la ve de lejos, se le debe lanzar una soga y así se acercará hasta donde cae la soga. Otra versión de esta leyenda asegura que sucedió cuando una pareja llena de deseo consumo su amor en una noche de tormenta. Aquella noche cayó una centella eléctrica que encendió el rancho donde ellos estaban.
La pareja trataba de quitarse el fuego encima, pero no lo lograron y poco a poco se fueron encogiendo hasta quedar hechos una bola de fuego que jamás se apagó. Se dice que fue un castigo por el pecado cometido y su condena es estar en fuego por la eternidad.




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